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ES POSIBLE ESTABLECER UNA VITIS CHILENSIS?

En pleno desarrollo de la cosecha de las uvas en el Gran valle central de Chile, y con la publicitada “Vendimia de Chile” del Valle de Curicó, tenemos que documentar nuestros discurso adecuadamente, a fin de evitar, después de algunos tickets, que nuestros deslenguados comentarios vitivinícolas pongan en tela de juicio episodios importantes acerca de nuestra vitis chilena y profieran datos desafortunados en desmedro de tan increíble planta que ha acompañado a la civilización desde tiempos inmemoriales.

Para hablar del vino en Chile nos debemos remontar al periodo de la colonia cuando las primeras vides ingresaron a territorio nacional, pero antes de eso creo sería bueno partir por el génesis de todo esto, y debemos remontarnos a las primeras cepas traídas a América.

Todo esto comenzó con Hernán Cortés, quien llevo desde la isla de cuba, las primeras Vitis Vinífera a Nueva España actual México, cepa traída originalmente desde España, Cortés fue el principal impulsor de la plantación de uva en suelo americano tanto así que decreto para cada encomendero que por cada cien indígenas a su cargo se deberían plantar, mil vides para así aprovechar de mejor forma el terreno y la mano de obra disponible, es así que la cepa se propago por lo valles de California, donde aún hoy en día es una vid muy apreciada a nivel mundial y otras tantas se esparcieron por América central.

Pero hablemos de Chile, como y cuando llego la uva, esa cepa que hasta el día de hoy nos ha traído tantos réditos en distintos concursos e instancias variadas para nombrar al vino chileno como el mejor a nivel mundial según precio/calidad.

Todo comenzó como se sospechara con la llegada hispana a la gobernación del “Reyno de Chille”, según el archivo de indias , el primer viticultor que tuvo Chile fue Rodrigo de Araya, el mismo que instalo el primer molino en Santiago a los pies del cerro Wanguelen o Santa Lucia nombre que tiene hasta nuestros días, según las actas del archivo de las Indias se relata lo siguiente: “Hay viñas y en ninguna parte de las Indias se ha dado tan buena uva como en esta tierra; hácese muy buen vino. El primer hombre que lo hizo fue un vecino que se dice Rodrigo de Araya, y así mismo fue el primero que trajo trigo a esta tierra”, aquí como nos podremos dar cuenta, esta aseveración por parte del archivo nos da otro dato importante la traída del trigo a Chile, pero no nos desviemos del tema, estas primeras parras o vides se introdujeron en la actual cuarta región mas específicamente en la ciudad de La Serena, antes del año 1547, donde existe el registro de la primera cosecha fue en 1551 en el valle de Elqui y Limari. Cosechados estos frutos traídos desde España primeramente por Francisco de Aguirre y Pedro Cisternas, luego del éxito de la plantación y posterior cosecha, la uva fue traída a Santiago y quien se encargó inicialmente de aquello fue Juan Jufré de Loaysa Montes, quien las plantó en su fundo en la actual comuna de Peñalolén, donde está ubicada hoy en día parte de la viña Cousiño Macul, considerado junto a Francisco de Aguirre los padres de la viticultura en territorio nacional, luego de eso se plantó en el sector de las afueras del Santiago colonial ( actual Santiago Centro), lo que conocemos hoy en día como barrio Lastarria por parte de Bartolomé Blumenthal o Flores, que por otro lado es bisabuelo de la Catalina de Los Ríos y Lizperguer.

Retomando la historia de las cepas en Chile, nos debemos trasladar ahora al año 1576, en el sector de Pachingo, sector perteneciente a la comuna de Ovalle, terrenos que un comienzo pertenecieron al capitán Diego Sánchez Morales, el cual introdujo el ganado en el sector y trajo mano de obra indígena desde el valle de Huasco, luego de eso paso a manos de Rodrigo de Quiroga quien cedió en merced a Don Vasco Hernández Godínez , quien finalmente introdujo la Vid en el sector, todo esto cedido por parte de Quiroga en nombre de S.M el rey Felipe II de España, esta información la sabemos debido al testamento firmado en San Bartolomé de La Serena con fecha vigésimo día del mes de marzo, en el cual declara ser dueño de la Hacienda de Pachingo donde tiene viñas para la elaboración de Vino y Agua Ardiente.

Otros actores importantes en la llegada de distintas cepas al territorio nacional fueron Jesuitas y Franciscanos quienes por el siglo XVII, específicamente el año 1676 en la hacienda de la Compañía cercana a La Serena, luego en 1755 adquieren otras haciendas en Valle del Limarí, por un total sobre las doscientas mil hectáreas, donde junto a los antes mencionados Franciscanos trajeron las cepas Moscatel, Torrontés y Albilla, dando a la zona su actual y connotada fama pisquera, donde estas cepas son la base de los antiguos aguardientes hoy conocidos como piscos, esto debido a que el aguardiente recién elaborado tenía un graduaje alcohólico de 70° el cual mediante la tecnología traída por los jesuitas desde Europa en base a agua, se lograba reducir su graduaje entre los 30° y 50°, haciendo su consumo mas masivo.

Pero como dice el titulo debemos ir en búsqueda de la Cepa País, traída a Chile por los primeros hispanos en el siglo XVI, fue la cepa por excelencia donde su función fundamental era convertirse en vino misal, de naturaleza tosca pero a su vez leal, crece en tierra de rulo, con muy pocos cuidados, actualmente está en la zona del Maule, la nueva región del Ñuble y la del Biobío, cuando uno mira sus parras pareciera que crecen a la mala, a regañadientes, fruto de piel gruesa, dispuesta para aguantar el frío matutino y el sol abrazador del medio día.

El origen de la cepa País hay que buscarlo en las Islas Canarias, España, de donde son originarias, uno podrá pensar que un clima tan distinto al nuestro las posibilidades de éxito eran escasas, pero el buen ojo de los primeros hispano parlantes llegados a Chile trajo como beneficio que esta cepa aun perdurase hasta nuestros días, como se mencionó antes su función como vino está ligada a ser un vino económico y que tuviese la posibilidad de ser guardado por periodos mas extensos sin que perdiera su calidad, esto fue vital para su utilización como vino de misa, el cual ayudó a su proliferación entre las clases menos favorecidas, transformándose en el preferido por siglos por el ciudadano común, no así la clase mas acomodada que prefirió otras cepas traídas por Jesuitas y Franciscanos siglos después, a quienes también mencionamos con anterioridad.

Sus cualidades más apreciadas hasta hoy en día por distintos viticultores es la escasa cantidad de agua que necesita y la gran cantidad de fruto que da cada una de las parras, y el generoso grado alcohólico que brinda a quienes degustan de sus bondades, ideal para el vino Tinto ligero, con tonalidades a guindo y áspero al pasar por la lengua es el favorito del campesinado chileno, además de ser utilizado en la elaboración de Pipeño y Aguardiente, este último en proceso de desaparición por no estar totalmente regulado. La cepa país, es por lo tanto y creo debería ser reconocida en su aspecto histórico como la vid o parra de Chile.

Santiago a pie. Foto de Tu Gran Viaje.

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