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SAL DE PICHILEMU, TURISMO Y PATRIMONIO CULTURAL

Un par de décadas atrás, Pichilemu era conocida masivamente por ser una playa bonita y tranquila, cuya distancia de Santiago la hacía una buena alternativa para vacacionar en invierno y verano. Muy pocos sabían que, en la forma y tamaño de las olas de Punta de Lobos, estaba el potencial para hacer de ella una estación del circuito mundial de surf, como lo es hoy día.

Algo parecido ocurre actualmente con las localidades de Cáhuil, Barrancas y Lo Valdivia, también de la Región de O’Higgins, que tienen en sus extracciones de sal algo parecido a las olas pichileminas. Se trata de las únicas zonas de Chile donde se extrae sal de mar, a diferencia de las del norte, donde el recurso se encuentra en el altiplano.

Si bien la zona ha desarrollado un turismo creciente en torno a las salinas, aún no tiene los estándares técnicos de calidad que permitan posicionarlo como un destino único en el territorio

Conseguirlo es el objetivo del proyecto “Fortalecimiento del Producto Turístico Salinero”;  iniciativa financiada por el Gobierno Regional de O´Higgins y ejecutada por la Universidad Central de Chile con el apoyo de Sernatur; que busca comercializar y difundir la oferta de productos salineros para integrar a emprendedores de la zona a la oferta turística regional.

“Buscamos generar productos turísticos salineros y comercializarlos a través de tour operadores regionales y nacionales y difundirlos también para aquellos turistas que llegan por su cuenta”, indica la coordinadora de la Universidad Central, a cargo del proyecto, Natalia Toledano.

Tres son los grandes activos que tiene la zona salinera: una actividad productiva ancestral, como la producción de sal de mar; una geografía de gran valor paisajístico y, asociadas a ellas, formas de vida particulares con un rico bagaje cultural.

“El mérito innovador del proyecto se basa en que el producto turístico salinero es único en el mercado nacional, ya que las salinas de Cáhuil y Lo Valdivia son las únicas salinas de mar de Chile, lo que le da a la zona un atractivo turístico diferenciador. Su puesta en valor colocará en el mercado un producto inexistente actualmente”, indica Natalia.

“Ese patrimonio puede ser puesto en valor a través del turismo y con ello generar una oferta complementaria a la de Pichilemu”, agrega Toledano.

El proyecto actual es la continuación del iniciado en 2014, durante el cual se pusieron las bases para el desarrollo de la zona. Para ello, se diseñaron productos  en base a la actividad salinera y a productos locales distintivos del territorio; se identificó a los prestadores de servicios y se realizó un trabajo de capacitación. Además, se hicieron pilotos de los productos, desarrollo de una imagen de marca territorial y difusión de prensa.

Pese a ello, durante la ejecución del programa fueron detectadas ciertas brechas en materias de capital humano, calidad, comercialización, equipamiento e infraestructura, las que, según indican los ejecutores, es necesario aminorar para poder incluir la zona en la oferta turística regional.

Como parte de este nuevo proyecto, hace un par de semanas en la comuna de Paredones se creó una mesa público-privada, con representantes del sector público, empresas y tour operadores, con el objetivo de aunar esfuerzos para desarrollar la actividad turística entorno a la sal.

En esa oportunidad el alcalde de Paredones, Sammy Ormazábal, comentó que “es muy importante el trabajo que ha desarrollado y seguirá desarrollando la Universidad Central, trayendo a sus profesionales al territorio y trabajar con nuestra gente, nos permite además de fortalecer la actividad salinera, poner en valor la sal como algo turístico y que se pueda dar a conocer a nivel nacional e internacional”, comentó.

Por su parte, Daniel Fernández Toro, Seremi de Minería de la región señaló: “Este proyecto, que se financia con recursos regionales, es importante porque va en la línea de fomentar el emprendimiento local.  En este caso, de los salineros de Pichilemu, Paredones y de quienes prestan servicios turísticos asociados a la producción de sal de mar, que es un mineral no metálico”, indicó.

Tesoro de la Humanidad

La zona salinera está compuesta por las localidades de Cáhuil, Barrancas y Lo Valdivia, ubicadas en la franja costera de las comunas de Pichilemu y Paredones. Si bien la extracción de sal ya se realizaba en la era precolombina, no fue sino hasta 1.700 cuando tomo el carácter de proto industria.

La producción no está vinculada a empresas industriales, sino a “cuarteles”, muchos de los cuales están en manos de campesinos, aunque también existen propietarios que arriendan estas unidades básicas y viven lejos de los asentamientos.

La explotación y producción se ha organizado en cooperativas que realizan la cosecha entre enero y marzo, época en que se puede ver en los caminos costeros los montículos blancos en espera de ser recolectados.

Su trabajo, que se ha mantenido casi intacto por 500 años, constituye una forma de vida que se ha ido transmitiendo por generaciones de padre a hijo.

Este carácter hizo que en 2011 el Consejo de la Cultura le entregara a los productores de Cáhuil el carácter de Tesoro Humano Vivo, que busca salvaguardar el patrimonio inmaterial cultura de la zona. A eso se agregó, en 2013, el otorgamiento de la Denominación de Origen a la sal de Cáhuil, lo que significa que sólo la producida en esa zona puede usar comercialmente tal denominación. La distinción se le otorga aquellos productos cuya calidad está ligada intrínsecamente a la zona geográfica y a las prácticas con que se los produce.

Pese al rico patrimonio cultura de su actividad, el 89% de los salineros indica no estar vinculado al turismo ni percibir ingreso alguno por este concepto.

Salineros al mercado

En ese escenario, el proyecto en curso busca incluir los productos de los salineros en la cadena de comercialización y generar la infraestructura y el equipamiento necesarios para generar una oferta acorde con los estándares de un mercado global.

Varias son las acciones a seguir: la primera es transferir a los participantes del proyecto  habilidades necesarias para los diversos emprendimientos. Entre otras cosas, técnicas en hospitalidad, atención de público, operación y comercialización; técnicas de venta, marketing digital y asociatividad comercial.

Otra línea de trabajo es la identificación de los canales comerciales, la implementación de una estrategia de comercialización, que les de visibilidad y los inserte en el mercado. Para ello se realizarán workshops, ruedas de negocios regionales y nacionales y un plan de marketing.

En cuanto a infraestructura, la idea es generar el equipamiento necesario, en temas como señalética turística y otros.

Nadia Flores, Seremía de las Culturas O’higgins.

Fotografía, “Salineros en un espejo”

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