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Chile recuerda el 238° Natalicio de Javiera Carrera, Madre de la Patria

Javiera Carrera, Memoria Chilena

En la ciudad de Santiago, nació el 10 de marzo de 1781, la patriota Francisca Xaviera Eudocia Rudecinda de los Dolores Carrera Verdugo, quien tuvo gran influencia sobre sus tres hermanos menores durante la época de la Patria Vieja, y también de la sociedad santiaguina.

Sin embargo, su niñez se desarrolló de acuerdo a las costumbres de su siglo, basándose su educación en labores domésticas, religión, buenos modales, lectura y escritura, pero desde su adolescencia comenzó a destacarse por su
carácter decidido y por su belleza.

A los 15 años de edad se casó, quedando viuda tres años más tarde, con dos hijos, pero al siguiente, en 1800 se volvió a casar con un español de abolengo, asesor de la Capitanía General. Por diez años vivió de acuerdo a las costumbres de la colonia, dedicándose a la familia y a su casa.

Pero cuando en 1810, su esposo viajó a Europa y el matrimonio se mantuvo en contacto con abundante correspondencia, es el momento donde Javiera dejó ver su faceta de confidente y consejera política, además de su fuerte personalidad, pues todas sus cartas están firmadas como Francisca Xaviera de Carrera o como F.J.C., ya que nunca dejó de usar su apellido de soltera.

Justo en ese período se supo en Chile que el rey Fernando VII estaba en prisión, por lo que las colonias habían quedado sin una cabeza visible, comenzando así los movimientos que llevaron a plantear la independencia. En la familia Carrera, Javiera, Juan José y Luis, participaron de los movimientos locales. Pero cuando llegó de España en julio de 1811, el “más caudillo de los hermanos” José Miguel, se lanzaron a una lucha más organizada con metas sólidas.

Así se pudo comprobar que la que comandaba el bando era Javiera, pues además de esconder a soldados en su casa, era la encargada de recibir durante las noches y las madrugadas las carretas cargadas de armas para repartirlas en la ciudad. Fue tan significativa su actuación que entre los revolucionarios usaron la frase “viva la Panchita” como contraseña.

Sin embargo, Javiera no ocupó ningún cargo político evidente, pero se desenvolvió en forma anónima dentro de la esfera del poder. Así, durante el gobierno de José Miguel intervino en varios asuntos: la creación de los símbolos patrios de Chile, como la bandera, inspirándose en la naturaleza de la región para elegir los colores: azul por el cielo, blanco por las nieves de la cordillera y el amarillo por los campos en cosecha. Pero también actuó como asesora y consejera y su influencia fue siempre incuestionable.

Pero por esto último despertó resentimientos y críticas entre los santiaguinos, quienes le atribuyeron: en lo político el haberse hecho cargo de situaciones que debían ser cumplidas por su hermano José Miguel, y en lo social haber cancelado el minué de los salones, imponiendo la zamba y zapateos, que representaban lo americano.

De hecho, el primer emblema patrio lo presentó por primera vez el 4 de julio de 1812, durante la celebración del aniversario de la independencia de los Estados Unidos, en claro mensaje de repudio a la corona española.

Sin embargo, era ella quien levantaba los ánimos en los momentos de derrota, transformándose en la heroína de la Patria Vieja, como también frecuentaba todas las celebraciones patrióticas y las que se realizaban a raíz de los triunfos militares.

Cabe señalar que Javiera, colaboró enérgicamente por la independencia; llevó y trasmitió mensajes, movilizó grupos de mujeres para que confeccionaran vendas y ropa y organizó un grupo de enfermeras para asistir a los soldados heridos. Fue considerada por sus contemporáneos como la madre de la patria que nacía. Ella encarnó todo el dolor del bando de los vencidos, pero ella y su familia no claudicaron nunca de sus ideales.

Mery Graham, escritora inglesa, en su “Diario de mi residencia en Chile” describió a Javiera diciendo: “la hermana de José Miguel aspiraba a hacer de él un Napoleón, arrancándolo a la aturdida y borrascosa vida de joven
calavera y dirigiéndolo hacia las metas del poder y la gloria”. Inteligente y ambiciosa, fue la ideóloga de los planes de lucha para libertar a Chile. Era una mujer de no perdonar, sagaz y hábil.

Pero a raíz de la grave posición de las tropas chilenas, José Miguel fue obligado a ceder el mando militar a Bernardo O’Higgins Riquelme, quien posteriormente se convirtió en el enemigo más encarnizado de los Carreras. Por su parte, la relación política que mantuvo Javiera con O’Higgins fue siempre crítica; lo apodó “el huacho Riquelme”, refiriéndose a su condición de hijo ilegítimo.

En estas condiciones se llegó a octubre de 1814, con el revés del ejercito patriota en Rancagua, y el retorno del poder español. Entonces los responsables militares, José Miguel y O’Higgins, se vieron obligados a emigrar junto con sus familias a Mendoza, al igual que el resto de los patriotas. Este lugar, además de prometer mayor seguridad, les ofrecía una oportunidad segura para reorganizarse.

Así, Javiera debió elegir entre partir con sus hermanos al exilio o quedarse con su esposo y sus siete hijos. Finalmente, obligada por el peligro que corría su vida, optó por dejar a su familia para instalarse en Mendoza con sus hermanos.

Pero los Carrera no fueron aceptados en Mendoza por José de San Martín Matorras, entonces se dirigieron a Buenos Aires, donde se establecieron. Fueron años difíciles y de carencias económicas, pero siempre con el objetivo de buscar apoyo para liberar a su querida patria.

Así, José Miguel fue por ayuda a los Estados Unidos, pero a su regreso en 1817, los Carreras se enteraron del triunfo de San Martín en febrero de ese año en Chacabuco, y elnombramiento de O’Higgins como Director Supremo.

Mientras tanto en Buenos Aires, debido a los conflictos que causaban los hermanos Carreras, fueron aprisionados e incomunicados en el barco “El Belén”. A los catorce días, Luis logró fugarse y José Miguel huyó a Montevideo gracias al
apoyo de Javiera.

Así, ese mismo año en la casa de Javiera se gestó el complot conocido como “la Conspiración de 1817”. Este consistía en deponer al gobierno chileno y al mismo tiempo tomar preso a San Martín y a O’Higgins. Una vez realizado el objetivo, los hermanos Carrera tendrían nuevamente el poder político.

El intento falló y los audaces chilenos fueron arrestados. El 5 de agosto de 1817 apresaron a Luis y Juan José cayó quince días más tarde. Javiera, desde Buenos Aires, usó todas sus influencias para salvarlos, pero no logró una gestión favorable. Los Carreras fueron fusilados el 8 de abril de 1818 en Mendoza.

La gran desdicha para Javiera hizo que actuara con mayor vehemencia. A principio de 1819 repartía proclamas en contra de San Martín, O’Higgins y Pueyrredón. Esto originó que el Director Supremo Pueyrredón la arrestara en su propia casa. Mientras, en Montevideo, su hermano José Miguel tuvo que huir hacia Entre Ríos, debido a la agresiva ideología que difundía a través de su periódico “El Hurón”.

Atemorizado el gobierno de Buenos Aires de que Javiera y José Miguel pudieran planear otro golpe, trasladaron a Javiera a la Guardia de Luján, dejándola incomunicada y luego a San José de Flores, localidad cercana a Buenos Aires. Finalmente, fue recluida en un convento en aquella capital.

A principios de 1820, su espíritu combativo la llevó a escaparse a Montevideo, permaneciendo allí hasta 1824, lugar donde llevó una vida tranquila, pero preocupada por su hermano y por volver a Chile.

Sin embargo, el 31 de agosto de 1821 cayó prisionero José Miguel en Punta del Médano, San Luis, siendo trasladado a Mendoza. Allí, tras un breve juicio, fue sentenciado a muerte. A pesar de los infructuosos intentos apelando al poder político, de la misma manera como lo había hecho cuando sus otros hermanos estuvieron detenidos en Mendoza, el 3 de septiembre de 1821 fue fusilado José Miguel junto con otros insurrectos.

Javiera, abatida por las circunstancias, volvió a Chile, recién cuando supo que O’Higgins había dimitido a su cargo de Director Supremo, así el 4 de febrero de 1824 se embarcó en el “Tritón”, rumbo a Valparaíso, por el Cabo de Hornos.

De vuelta en su patria, Javiera abandonó la vida pública, se aisló en su hacienda de El Monte dedicándose a la beneficencia con las monjas Trinitarias. Se propuso, como única aspiración, repatriar los restos de sus hermanos enterrados en Mendoza. Los cuerpos llegaron a Chile en mayo de 1828.

La mujer de carácter fuerte y tenaz, que llevó sus metas al límite de los abismos, transcurriendo su vida entre la frontera de la gloria y la profundidad, el amor y el odio y la soledad más triste, dejó de existir a los 81 años de edad, el 18 de agosto de 1862.

Actualmente los cuatro hermanos Carrera descansan en la Catedral de Santiago.

(Orbe)

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